Presupuestos participativos

Deja que decidan en qué se gasta el dinero.

Un presupuesto participativo es sencillo de enunciar y fácil de estropear. Esto es cómo se organiza fase a fase, qué formas de votar existen y qué hay que evitar para que el proceso no se quede en una foto.

Proceso de presupuestos participativos en fase de votación, con el presupuesto a decidir y las fases del proceso
Las cinco fases

Cómo se organiza el proceso.

  1. 01
    La ciudadanía

    Recepción de propuestas

    Cualquier vecino presenta su idea desde el móvil, con fotos y con el punto exacto del mapa. Un asistente le ayuda a redactarla para que llegue bien explicada, y no como una línea imposible de evaluar.

  2. 02
    Tus técnicos

    Revisión técnica

    Cada propuesta llega al técnico con un análisis previo hecho: si es competencia municipal, qué coste aproximado tiene, si encaja en el presupuesto y si ya se intentó algo parecido. El técnico decide, pero no parte de cero.

  3. 03
    La ciudadanía

    Votación

    Se vota solo lo que es viable, con la identidad comprobada y sin que nadie pueda votar dos veces. Un voto por persona, varios votos o repartir el presupuesto entre propuestas, según el proceso.

  4. 04
    El ayuntamiento

    Ejecución

    Lo elegido pasa a ejecución con su estado visible. La gente ve en qué punto está lo que votó, que es justo lo que falla en la mayoría de procesos y lo que hace que no vuelvan al siguiente.

  5. 05
    Todo el mundo

    Resultados

    Los datos finales quedan publicados: qué se propuso, qué se descartó y por qué, qué se votó y con cuántos votos. La rendición de cuentas del proceso sale del propio proceso.

Formas de votar

Cómo votáis cambia lo que sale elegido.

No es un detalle de configuración. El sistema de voto decide si gana una actuación grande o se reparten varias pequeñas, y conviene elegirlo a conciencia antes de publicar las bases.

Un voto por persona

Cuando quieres un ganador claro

Cada persona apoya una sola propuesta. Es lo más fácil de entender y lo más rápido de explicar, y tiende a concentrar el resultado en pocas actuaciones grandes.

Varios votos por persona

Cuando quieres repartir el apoyo

Cada persona reparte un número fijo de votos entre las propuestas que prefiera. El resultado suele ser más plural y refleja mejor las prioridades de cada barrio.

Repartir el presupuesto

Cuando quieres que se note que hay que elegir

Cada persona asigna dinero a las propuestas hasta agotar el presupuesto disponible. Es la fórmula que mejor enseña que decidir es renunciar, y la que produce debates más maduros.

Lo que hay que evitar

Cuatro formas de estropear un proceso participativo.

Abrir la votación sin revisión técnica

Gana algo que no se puede hacer, y el ayuntamiento queda en la posición de incumplir su propio proceso.

No explicar por qué se descarta una propuesta

La persona que la presentó no vuelve, y cuenta a su entorno que el proceso está amañado.

Dejar votar sin comprobar quién vota

Basta con que alguien sospeche del recuento para que el resultado deje de servir como mandato.

Terminar en el recuento

Sin seguimiento de la ejecución, al año siguiente la convocatoria se encuentra con un vecindario escarmentado.

Preguntas frecuentes

Lo que preguntan los ayuntamientos.

¿Qué es un presupuesto participativo?

Es un proceso por el que una administración reserva una parte de su presupuesto y deja que la ciudadanía decida en qué se gasta. Los vecinos presentan propuestas de mejora, los técnicos municipales comprueban cuáles son viables, se vota entre las viables y lo más votado se ejecuta. No es una encuesta de opinión: el dinero está comprometido de antemano.

¿Cuánto presupuesto conviene reservar?

No hay una cifra correcta, pero sí dos errores frecuentes. Reservar tan poco que no dé para nada relevante hace que la gente sienta que la han entretenido. Reservar tanto que luego no se pueda ejecutar en el ejercicio produce el daño contrario, que es peor: propuestas ganadoras sin hacer. Lo sensato es una cantidad que se pueda ejecutar de verdad en plazo y que permita al menos varias actuaciones visibles.

¿Quién puede presentar propuestas y quién puede votar?

Lo decide la entidad en sus bases. Lo habitual es abrir la presentación de propuestas a cualquiera y restringir la votación a las personas del censo de votantes que la entidad carga, a menudo con una edad mínima. La plataforma comprueba la identidad contra ese censo, así que la regla que escribas en las bases es la que se aplica.

¿Cómo se evita que salgan propuestas imposibles de ejecutar?

Con una fase de revisión técnica antes de votar. Solo se somete a votación lo que tus técnicos han declarado viable, y lo descartado se publica con su motivo. Cada propuesta llega al técnico con un análisis previo de competencia municipal, coste aproximado, encaje presupuestario y antecedentes, pero la decisión es siempre suya.

¿Cuánto dura un proceso completo?

Depende de las fechas que fijes, pero un ciclo típico reparte unas semanas para presentar propuestas, unas semanas para la revisión técnica y unos días o un par de semanas para votar. Lo que no conviene es alargar la revisión: es la fase en la que el proceso se enfría y donde se pierde la atención que se ganó al principio.

¿Qué formas de votar existen?

Tres. Un voto por persona, que es lo más simple. Varios votos por persona, que reparte mejor el apoyo. Y repartir una cantidad de dinero entre las propuestas que cada uno prefiera hasta agotar el presupuesto, que es la que mejor transmite que decidir implica elegir y renunciar a otras cosas.

¿Qué hay que hacer para que la gente vuelva al año siguiente?

Contarles qué pasó con lo suyo. Que cada propuesta descartada tenga su motivo publicado, que las ganadoras muestren en qué punto de ejecución están y que los resultados queden accesibles. La participación se pierde casi siempre en el silencio posterior, no en la convocatoria.

Tu próxima edición, sin los errores de la anterior

Cuéntanos cómo fue la última vez y te enseñamos cómo quedaría el proceso entero.

Solicitar Demo