Alguien intenta votar dos veces con el mismo documento
Se rechaza. La huella de ese documento ya consta en el proceso.
Un proceso participativo vale lo que valga su recuento. Si cualquiera puede votar, o votar varias veces, el resultado no sirve como mandato y alguien lo dirá en voz alta. Así se comprueba aquí quién participa.
La entidad carga la lista de quién puede participar. El sistema comprueba a cada persona contra ella, por documento o exigiendo además que coincida el apellido, según lo que decida la entidad.
Recibe un código de un solo uso en su correo o su móvil y tiene que introducirlo para continuar. Caduca en minutos y es obligatorio siempre que hay comprobación de censo.
Su documento se convierte en una huella irreversible y el sistema comprueba si esa huella ya participó en este proceso. Si ya votó, se rechaza.
Sin certificado digital ni Cl@ve. Exigirlos reduce muchísimo la participación, sobre todo entre la gente mayor, que suele ser la que más usa los servicios municipales. Estas tres capas dan una garantía razonable para un proceso participativo sin dejar fuera a media población.
Se rechaza. La huella de ese documento ya consta en el proceso.
No figura en el censo de votantes, así que no puede participar.
No puede: necesita superar el código de un solo uso antes de cada comprobación, y la respuesta es siempre la misma figure o no figure.
Necesitaría además acceso a su correo o a su móvil para leer el código. No es imposible, pero deja de ser trivial.
El sistema lo impide, para que nadie abra una votación creyendo que está protegida y no lo esté.
El sistema comprueba a quien vota contra el censo de votantes que tú cargas. Quien no figura, no participa, y recibe siempre la misma respuesta para que nadie pueda usar el portal para averiguar quién está empadronado.
Antes de votar o presentar una propuesta, la persona recibe un código de un solo uso en su correo o su móvil. Sube mucho el listón para quien quiera votar en nombre de otro.
Cada documento se convierte en una huella irreversible con la que se comprueba si esa persona ya votó en ese proceso. Basta para impedir el voto repetido y no permite reconstruir el documento original.
Cuando alguien discuta el resultado, y siempre hay alguien, la respuesta no es «confía en nosotros»: es un proceso con identidad comprobada, sin duplicados y con auditoría de lo que pasó.
La ciudadanía puede comprobar si figura en el censo de votantes y solicitar el alta aportando la documentación. Tu equipo resuelve las solicitudes desde el panel y la persona recibe la respuesta.
Portal accesible, en el idioma de tu entidad y pensado para el móvil. Si participar cuesta, participan siempre los mismos y el proceso pierde su sentido.
La entidad carga su censo de votantes y el sistema comprueba contra él a cada persona que participa. Quien no figura no puede votar. La comprobación se puede hacer solo por documento o exigiendo además que el apellido coincida con el que consta para ese documento, según lo que decida la entidad.
No, y es una preocupación legítima. Quien no está en el censo y quien pone un nombre que no coincide reciben exactamente la misma respuesta, indistinguible. Y quien ya ha votado también. Además, antes de cualquier comprobación hay que superar el código de un solo uso, así que no se puede sondear el censo a base de probar documentos.
Antes de votar o de presentar una propuesta, la persona recibe un código en el correo o el móvil que ha declarado y tiene que introducirlo. Caduca en pocos minutos. No convierte el proceso en inexpugnable, pero sube muchísimo el listón para quien quiera votar en nombre de otro.
El documento de cada votante se convierte en una huella irreversible y es esa huella la que se guarda con el voto. Cuando alguien intenta votar de nuevo en el mismo proceso, el sistema detecta que esa huella ya participó y lo rechaza. El documento original no se puede reconstruir a partir de la huella.
Se guarda que esa huella participó en ese proceso, que es lo imprescindible para impedir el voto repetido. En las encuestas, además, la entidad puede marcarlas como anónimas, y entonces ni siquiera se asocia la respuesta a una persona.
Si la entidad lo habilita, cualquier persona puede consultar en el portal si figura en el censo de votantes y, si no está, solicitar el alta aportando sus datos y la documentación que se le pida. Tu equipo resuelve la solicitud desde el panel, aceptando o rechazando con un motivo, y la persona recibe la respuesta.
Los documentos no viajan ni se almacenan en claro: se transforman en el propio navegador antes de enviarse y el servidor añade su propia protección. Los datos personales de las solicitudes de alta se guardan cifrados y la documentación aportada solo se descarga desde el panel, con permiso específico y dejando rastro de quién la consultó.
No. Exigir certificado digital reduce muchísimo la participación, sobre todo entre la gente mayor, que es a menudo la que más usa los servicios municipales. La combinación de censo de votantes, código de un solo uso y control de duplicados da una garantía razonable para un proceso participativo sin dejar fuera a media población.
Te enseñamos en una demo cómo se comprueba la identidad y qué queda registrado de cada voto.
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