Participación Ciudadana

«Aquí la gente no participa»: las cinco razones reales (y qué hacer con cada una)

Casi nunca es falta de ganas. Es que la vez anterior nadie les contestó, que votaron algo que no se hizo o que participar costaba demasiado. Diagnóstico y soluciones para cada caso.

Gesgocom
8 min de lectura

Hay una frase que se repite en todos los ayuntamientos que han abierto un proceso participativo y les ha ido regular: «aquí la gente no participa». Se dice con resignación, como quien constata un rasgo del carácter local.

Casi nunca es verdad. La misma gente que no presentó una propuesta llena el salón de plenos cuando se habla de cerrar un colegio, firma en tres días contra una tala de árboles y organiza una plataforma vecinal por un aparcamiento. Ganas hay. Lo que falla es otra cosa, y suele ser una de estas cinco.

1. La vez anterior nadie les contestó

Es la causa número uno, y con diferencia. Una persona dedicó un rato a explicar una idea para su barrio, la envió, y no volvió a saber nada. Ni que se había recibido, ni que se había descartado, ni por qué.

Esa persona no vuelve. Y no vuelve sola: cuenta la experiencia en el bar, en el grupo del colegio y en la asociación de vecinos. Un proceso participativo que no responde no solo pierde a quien participó, sino que genera activamente desconfianza para el siguiente.

La gente acepta perfectamente que su propuesta no salga adelante. Lo que no perdona es que nadie le explique por qué.

La solución es incómoda pero simple: publicar todas las propuestas con su estado y, en las descartadas, el motivo concreto. No «no viable», sino «no es competencia municipal, la titularidad de ese suelo es del Cabildo». Cuesta trabajo la primera vez y ahorra credibilidad durante años.

2. Votaron algo que nunca se hizo

La variante más grave. Se convocó, se votó, ganó una propuesta, salió en la prensa local, y dos años después la obra no está y nadie ha vuelto a mencionarla.

Aquí el daño no es al proceso participativo: es a la confianza en la institución. Y se arrastra a la siguiente convocatoria, a la siguiente corporación y a cualquier cosa que el ayuntamiento quiera preguntar en los próximos años.

Dos medidas lo evitan. La primera es reservar una cantidad que se pueda ejecutar de verdad, aunque sea menor de la que se querría anunciar. La segunda es publicar el estado de ejecución de lo elegido, con sus retrasos incluidos. Una obra que tarda y se explica no quema confianza; una obra que desaparece del relato, sí.

3. Participar cuesta demasiado

Aquí entran todas las fricciones que parecen pequeñas desde dentro y son definitivas desde fuera:

  • Un formulario que pide dieciocho campos para una idea de dos líneas.
  • Exigir certificado digital o Cl@ve, que deja fuera a buena parte de la población y precisamente a la que más usa los servicios municipales.
  • Obligar a ir presencialmente a registrar la propuesta en horario de oficina.
  • Una web que no funciona bien en el móvil, que es donde va a entrar casi todo el mundo.
  • Un plazo de diez días que coincide con agosto o con Navidad.

Cada una de estas fricciones no reduce la participación un poco: la reduce a la mitad. Y se acumulan de forma multiplicativa. Un proceso con cuatro de ellas puede estar recogiendo el cinco por ciento de las propuestas que recogería sin ninguna.

4. No se enteraron

Publicar las bases en el tablón de anuncios y en la sede electrónica cumple la obligación formal y no informa a nadie. La gente no visita la sede electrónica de su ayuntamiento por gusto.

Lo que sí funciona es ir donde ya está la gente: las asociaciones de vecinos, los centros de mayores, las AMPA, los clubes deportivos, el mercado un sábado por la mañana. Y repetir el mensaje tres veces: cuando se abre el plazo, a mitad y dos días antes de cerrar. Las últimas cuarenta y ocho horas concentran siempre una parte sorprendente de las propuestas.

Un detalle que ayuda más de lo que parece: enseñar propuestas concretas de otras ediciones o de otros municipios. La mayoría de la gente no sabe qué se puede pedir, y cuando ve un ejemplo real entiende de golpe el tipo de cosa que encaja.

5. Creen que ya está decidido

La sospecha de que el proceso es un paripé para legitimar algo que el equipo de gobierno ya tiene pensado. A veces esa sospecha es injusta y a veces no, pero en cualquier caso hay que desactivarla con hechos verificables.

Funciona: decir desde el principio qué queda fuera y por qué, publicar la lista completa de propuestas recibidas antes de la revisión técnica, hacer públicos los criterios de viabilidad, y que la primera edición incluya alguna propuesta claramente incómoda para el equipo de gobierno que haya pasado el filtro con normalidad.

Lo que no suele funcionar

Conviene decir también qué se intenta a menudo y no arregla el problema de fondo:

  • Subir mucho el presupuesto. Si la gente no confía en que se ejecute, la cifra solo aumenta el escepticismo.
  • Hacer más actos presenciales. Ayudan a difundir, pero no sustituyen a que participar desde el sofá sea fácil.
  • Sortear premios por participar. Atrae a quien va al sorteo y ensucia el resultado.
  • Alargar el plazo. Un mal proceso de un mes no mejora convirtiéndose en un mal proceso de tres.

Un indicador mejor que el número de votos

El dato que suele presumirse es cuánta gente votó. Es un indicador pobre, porque se puede inflar con una campaña puntual y no dice nada de la salud del proceso.

Hay uno mucho mejor: cuántas de las personas que participaron el año pasado vuelven este año. Ese número resume todo lo demás. Si sube, es que la gente vio que aquello sirvió para algo. Si cae, ya sabes que en algún punto del camino alguien se sintió ignorado, y conviene averiguar dónde antes de la siguiente convocatoria.

En resumen

La participación no se construye en la convocatoria: se construye en lo que pasa después. Responder a todo el mundo, ejecutar lo prometido, contar cómo va, y poner el listón de entrada lo más bajo posible sin perder las garantías.

Es menos vistoso que un acto de presentación con cartelería, pero es lo único que consigue que el año que viene haya más gente que este.

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